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Terra
La Coctelera

Cuánto pesa un beso, y ese velero

 

Cuánto pesa un beso, y ese velero

arrodillado, qué mide un abrazo,

y la altura o puntal de una caricia.


Ven piensa y dime el ancho del amor

de una madre a su hijo ¿y viceversa?

Cuál es el calado de una sonrisa.


Y cuánto pesa el agradecimiento...

la gratitud del pobre socorrido...

o mirada al que nadie mira nunca.


No todo se puede medir en tierra

ni contar con los dedos de tus manos

como las medidas de mar y cielo.




José Pómez

http://pomez.net

Obelisco

No existen en el mundo otros lugares
que al silencio sonoro nota arranque,
alegría es su grito con suspiro.
Qué sonrisa en las alas de las piedras
es el fuego de tu raíz de viento,
la noche abre valles de la esperanza
en sierra pensamiento de la mar
cierne en las mismas nubes sol y rayos
como una abeja sobre margarita
la blanca sombra lleva largas manos
y cuando el bajo día se ajetrea
cruza los montes vuela en Grazalema
la luz más larga donde fue probada
y los dos nos miramos y sonreimos.

 

Clara Luna es Zapata

Una proeza divina
la que plasmas en tus letras
siempre amiga Clara Luna.
En Cuba y en el mundo
quizá sólo y solo quede
el poema que tú le haces
han pasado unos días
y nadie se acuerda de él.

En Cádiz bien saben lo de Trajano:

En Cádiz bien saben lo de Trajano:

--no podrá trabajar el sevillano

por próximo que se encuentre del piano

jamás podrá tocar-- no tiene mano.

Córdoba

Córdoba

Esmeralda Rocío abre las manos
--quizá te valga todo la sonrisa--
ten feliz cumpleaños, con tu alma
alegre y rimando lo consigues
brilla la primavera y el otoño.

José Pómez

Di, qué flores alegran tus mañanas.

Di, qué flores alegran tus mañanas.
Claramente, no quiero nunca nada,
--no quiero nada-- ¡México tampoco
quiere nada! No te preocupes…
no temas que los poetas no existen.

Sin ninguna esperanza se cultivan
semilleros parados y abonados
pero a veces la bruma ama los lápices;
y para cosechar dos almas se unen
y determinan juntos todo mundo.

Lo bello del jardín nunca depende
del tamaño de sus flores, mas si
de la variedad y su colorido,
o, en pequeños momentos y sentida
la felicidad sin gran alegría.

Puedo intentar contarte cómo planto,
y cómo me enseñaron, y que aprendas
mejor que yo, que nunca obtuve frutos
leyendo en el barniz de tu mirada
donde de luna a luna te estudiaba.

Soy millones de flores muy variadas
con letras animadas en macetas
y estoy con Cristo, él es toda mi vida,
puede que apropiado hoy no te resulte
saber más de los tréboles de mi alma.

¿Y si no puedes llorar?

Sin saber nada convivo
de la tarde enamorado.

Con tu luz más afilada
podé las enredaderas
de mis manos que portaban
la temerosa confianza
al escribirte estos versos
triangulados sin mi rima.

Yo te siento a todas horas
me emocionas y me alegras
al no comprender del todo
lo que no puedes decir
y en tus labios desemboca.

Para intentarlo, recrezco,
rezo, y hoy lloro por ti
en mi fantasía eterna.

José Pómez
http://www.pomez.net

¿Y si no puedes llorar?

Me dijiste: lo he perdido. Sin decir nada, usando

Me dijiste: lo he perdido. Sin decir nada, usando
este lenguaje tan nuestro
de las cosas olvidadas,
en el cielo de tu frente aparecen esos pájaros,
y
nunca nos hemos dicho: lo leí con la urgencia
de necesitar tus besos. Y sin
embargo con guiños…

Nos contamos que vivimos virando, --tú sí, yo
no--
esas palabras perdidas en el rumor de poniente;
que se quedan
engarzadas conformando unos versos
trepadores en la tarde, como pájaros
lejanos
disminuyen su tamaño sin lágrimas ni nostalgia.

Y al quedar en
mis rodillas, mi continente, mi musa,
hoy mi nave enamorada más desnuda se
contempla,
con lluvia de la distancia que descubre mis jirones,
las
pisadas socorridas, la ciudad de mis cadenas,
la claridad de tu sombra que
renuncia y que convive.

Se quede el último olvido como testigo de
esencia
de la ternura clemente que vence en todos los actos
para agradecer
entrega; allí perderé este poema,
está al lado de la brisa, junto a tu rostro
que besa,
besado quedo en la mar y sin terminar por ti.

José
Pómez
http://www.pomez.net