Cuánto pesa un beso, y ese velero

arrodillado, qué mide un abrazo,

y la altura o puntal de una caricia.


Ven piensa y dime el ancho del amor

de una madre a su hijo ¿y viceversa?

Cuál es el calado de una sonrisa.


Y cuánto pesa el agradecimiento...

la gratitud del pobre socorrido...

o mirada al que nadie mira nunca.


No todo se puede medir en tierra

ni contar con los dedos de tus manos

como las medidas de mar y cielo.




José Pómez

http://pomez.net